lunes, 12 de octubre de 2015

LA CASA DEL BOTIQUÍN

     Titulada así porque, en esta minúscula casita, sin aseo localizado, lo que más llamó mi atención fue la gran cantidad de medicamentos que aparecieron escondidos entre dos paredes y un gracioso botiquín que me trajo muchos recuerdos... Las telarañas de la cocina espantaban a cualquiera y el estado del piso superior no era muy fiable. En cualquier caso, me encantó encontrarme con este tesorito, además siendo uno de los primeros abandonos desde que me dedico a hacer reportajes, por eso la calidad de las fotos no es la mejor (cámara prestada y nulo conocimiento del funcionamiento), pero estas oportunidades hay que aprovecharlas aunque no me pillen bien preparada.




Lo primero que aparece es la cocina, con mobiliario antiguo y bastaste caos...










Creo que es en ésta, en la que se balanceaba el elefante...





     Es esta planta había otro cuarto con algunos objetos y, entre las paredes que separaban éste de la cocina, se encontraba el "alijo"...



     Medicamentos emparedados... En la foto no lo parece, pero de verdad que había una cantidad enorme de cajas y cajas de fármacos...






Más telarañas y más pastillas...




     Subimos a la segunda planta donde se encuentran dos habitaciones, una estaba casi vacía y en mal estado, por lo que no me adentré demasiado. La otra tenía muchos más detalles y era un poco más segura.












El botiquín con un frasco de "antidoloroso" y una cartera con unas lentes sin montura...








La trampilla del desván... Sin escaleras y con la madera en ese estado, no nos atrevimos a subir.






Desde la puerta se observa la habitación vacía.






Un último disparo con flash y nos vamos...






     Viendo las fotos ahora me entran ganas de volver "bien armada" para completar el reportaje, pero después del pasado invierno, no quiero imaginar cómo estarán ese techo y ese suelo... Todo se andará...

miércoles, 23 de septiembre de 2015

LA RECTORAL OSCURA


      Explorar a última hora de la tarde tiene sus ventajas e inconvenientes. Es más fácil entrar sin ser visto, pero a cambio tienes que echar mano de flash y jugarte la salud sin saber muy bien dónde pisas y sabiendo que la noche te espera a la salida... 
    Nos encontramos en una rectoral enorme, bastante hecha polvo, pero con algunos detalles curiosos. Tenía dos grandes chimeneas, pero sólo encontramos una cocina, en la planta baja y un pelín claustrofóbica, apenas entra luz natural allí. También hemos sabido que en el sótano se practicaba la tortura de la "gota china"...  ¿Leyenda? ¡Quién sabe! Aunque, y sin intención de entrar en polémica, tratándose de la Iglesia... Costó bajar allí, pero lo hicimos y ahora se parece más a una bodega. 

La puerta principal, una vez dentro.


     El primer vistazo no nos da muchas esperanzas, la conservación ha sido pésima. Aún así, caminamos por ese pasillo y llegamos a "la habitación del pánico", ya que si no me para en seco mi compañera que iba delante, ahora mismo no estaría escribiendo este reportaje.


Tras esta puerta de la derecha...






Recuperada del susto, volvemos atrás y nos encontramos al padre de todos los retretes...



Siguiente parada, la oscura cocina...




Con un horno al fondo...





Dejamos la cocina y subimos a la segunda planta, sólo hasta donde nos parece seguro...







En esta planta se conservan algunos muebles y objetos en las alacenas...











En la habitación contigua, sin atrevernos a entrar del todo, vemos algo de ropa en el armario...




Y la continuación de la chimenea que vimos en la cocina de la planta baja.



     Unas estrechas escaleras continúan subiendo, pero después de mirar al techo desde distintas habitaciones, esta vez llegamos a un acuerdo a la primera... ¡NO SUBIREMOS AHÍ!



En esta imagen parece que se adivina el lomo de un libro, o una alfombra enrollada... Me quedaré con las ganas porque lo vi una vez vaciada la cámara en casa.



Decidido entonces, nos vamos al sótano de la tortura, con el gracioso recibimiento de un murciélago...










     Encontrar allí tantas botellas y piezas de un antiguo lagar, nos confirma que sí, que el último uso de este sótano fue el de bodega. 
     Quién sabe, realmente, para qué nació este lugar frío, húmedo, sin ventanas ni puerta al exterior y con esas pilas de piedra tan extrañas... 
     Cuando salimos de allí era completamente de noche y la única salida era cruzar el cementerio del lugar, el mismo por el que entramos y que dio el final más siniestro posible a esta visita...